Pies perfectos

Si tienes que acudir a un evento especial con unas sandalias y quieres que tus pies luzcan perfectos, dales esta cura extra de suavidad y belleza: calienta un litro de leche y deja tus pies en remojo durante 10 minutos. Enjuágalos con agua tibia y sécalos muy bien. A continuación, mezcla 1/2 taza de sal gorda con 1/3 de aceite de oliva y masajea bien los pies. Por último, aclara, hazte la pedicura y envuelve tus pies en unos calcetines de algodón. Por la mañana, verás qué piel más bonita.

Talones resecos

Si el verano te ha resecado en exceso los talones de los pies, prueba a ablandarlos frotando cada día sobe ellos el interior de una piel de plátano y dejando que actúe el aceite que suelta durante un buen rato (puedes masajear para acelerar la absorción). Luego, aclara bien y seca. Este truco puedes utilizarlo también en la zona de los codos y de las rodillas.

Eliminar callosidades en los pies

Un excelente truco de belleza que ayuda a eliminar las callosidades que se forman en los pies consiste en introducirlos en un recipiente en el que se mezclará agua tibia hasta cubrirlos y un vaso de almidón de maíz en polvo. Mantén los pies sumergidos durante 5 minutos, acláralos y sécalos muy bien. Lograrás mantener a raya las callosidades y durezas si, cada día después de la ducha, aplicas una buena crema específica para hidratar los pies.

Eliminar durezas

Para eliminar las durezas de los pies dales un baño frotándolos con piedra pómez. Después, una vez bien secos, fricciónalos varias veces con 40 gramos de vaselina mezclada con 1 o 2 gramos de ácido salicílico y unas gotas de zumo de limón fresco. Si eres constante las durezas de tus pies se mantendrán a raya.

Otro método para decirle adiós a las durezas:  parte una cebolla por la mitad y cúbrela con sal. A continuación métela en un recipiente de cristal y ciérralo. Después de seis horas habrá soltado un líquido que deberás aplicarte en las zonas más deterioradas de tus pies con la ayuda de un pequeño pincel.

Un método más:  Corta una rodajita de tomate y colócala sobre ella, sujétala con una tirita o similar y déjala unas horas. Cuando te lo quites, verás que el tomate se ha llevado gran parte de la dureza.